Tiempo para sentir

Las inquietudes más frecuentes de las personas que se acercan a mis clases suelen ser el “qué decir” (qué ilustrar)  y “descubrir el estilo personal». En esta entrega nos vamos a enfocar en la primera y más adelante profundizaremos sobre la segunda.

 

Cuando queremos encontrar un lenguaje plástico está bien buscarlo en la práctica y en la experimentación, pero cuando queremos saber “qué decir” ¿Dónde buscamos?

 

Desde que empecé a ilustrar me encontré muchas veces frente a una hoja en blanco sin saber qué hacer, a todxs nos pasa, sin embargo, en mi caso pude descubrir que la mayoría de las veces ocurría en épocas en las que estaba “muy distraída”. 

 

Cada unx se distrae de distintas maneras, pero ojo, que no nos confunda la idea: cuando hablo de distracción, no me refiero a estar todo el día en netflix o instagram, esa sería la forma más burda, me refiero a no estar atentxs al momento presente. 

 

Si queres expresar lo que sentis a través de la ilustración o el arte en general, lo primero que tenes que hacer es permitirte sentir. Y para sentir necesitas tiempo y presencia.

 

Parece una obviedad, pero la mayor parte del día estamos tan ocupadxs haciendo y haciendo sin parar, corriendo apuradxs hacia ningun lugar, que no nos queda ni un momento para conectar con lo que sentimos y con la belleza que nos rodea.

 

Para mi, estar distraída es muy parecido al ideal de éxito de la sociedad moderna: trabajar mucho, estudiar mucho, tener muchos proyectos, leer muchos libros, etc. 

 

En mi caso, hacer, es una forma de escapar de algo que no estoy queriendo ver y el mantenerme ocupada cumple su misión: no sentir.  El problema es que cuando dejamos de sentir “lo malo” también se nos escapa “lo bueno”.

 

Gracias a ese descubrimiento, entendí que mi creatividad, capacidad de expresión y conexión con aquello que quiero compartir al mundo, eran cosas que se daban mejor cuando podía brindarme espacios de descanso, silencio y reflexión que me aportaran presencia.

 

Meditar, sentarme en el jardín o en un parque a no hacer nada, recordarme a cada momento traer la mente al momento presente, reducir el uso del celular, tratar de hacer las cosas más lento y de a una a la vez, entre otras muchas cosas, me ayudan diariamente a estar más en contacto con lo que siento y lo que me rodea, aparte de hacer mi vida más tranquila y feliz, me ayuda a encontrar palabras e imágenes para transmitir a lxs demás aquello que tengo dentro. 

 

Si algo de esto te resuena, te recomiendo que pongas atención a registrar cuales son tus vías de escape. El poder identificarlas te va a ayudar a atajarte a vos mismx antes de que la corriente te haya llevado muy lejos del centro. 

 

También presta atención a aquellas actividades que te aportan presencia y trata de hacerles un lugarcito en tu día a día. 

 

Un ejercicio simple que te sugiero es que busques un lugar tranquilo, cierres los ojos, lleves las manos, y con ellas la atención al centro del pecho, respires lento y consciente y te quedes ahí un ratito solo sintiendo el pecho y la respiración.

 

Si aparece una sensación, un recuerdo o algo que se abre con la atención, dale lugar a que salga, sentilo y anotalo en un cuaderno. Registra en él los pequeños detalles, lo triste, lo “lindo” y vas a ver que vas a empezar a acumular recuerdos de tu propia sensibilidad que van a servirte de inspiración en tus ilustraciones.

 

Es importante que mientras trabajes en lo personal para conectar con aquello que sentis y deseas contarle al mundo, no abandones la práctica ni la experimentación. 

 

Por hoy nos vamos a quedar ahí, espero que esta info te ayude a sembrar un poquito más de presencia y sensibilidad en tu día a día. Nos vemos el mes que viene 

 

Los contenidos del newsletter están extraídos de mi taller de ilustración “El borde de lo sensible”.

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